La tarde del once de diciembre de 2003, hace hoy cinco años, cogiste rumbo a otro lugar, posiblemente El Paraíso, ya que eras merecedor de él.
Bonachón, afable y bueno. Te estoy viendo, con tu carcajada inconfundible y tu inseparable sombrero de pana marrón. Te fuiste discretamente, como viviste. Gran amante de tu familia, sentías debilidad por tu única hermana Emilia, a la que tuviste a tu lado hasta el último momento. Y como al que Dios no le da hijos el diablo le da sobrinos, eso mismo te pasó a tí. Sufriste sus fracasos y desventuras y también celebraste sus alegrías y triunfos como si fueran propios.
Nunca hemos sabido devolverte todo lo que diste por nosotros, por eso quiero aprovechar a darte las gracias:
. Gracias por tus enseñanzas
. Gracias por no enfadarte nunca
. Gracias por lo que nos reñiste
. Gracias por las noches que has dormido en el coche cuando, después de un duro día de trabajo nos llevabas a una fiesta a mi hermana Carmen y a mí, sólo para que nosotras nos divirtieramos.
.Gracias por los secretos guardados para que nuestros padres no nos castigaran y que tú sólo has sufrido pensando que no harías bueno de nosotros.
. Gracias por habernos querido
. Gracias por haberte conocido
. Gracias por seguir aquí, en nuestros corazones
. En resumen, gracias por ser un hombre bueno y una persona excepcional
. No te voy a dar las gracias por haberte ido.
En tu memoria, unas fotos que te recuerdan, y para terminar: ¡¡INDA MAÑANA MÁS!!!


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